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L'âme Noir

Astrid Paola

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Lectora compulsiva, cafeinòmana, y algunos dicen que tambièn escribo.
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Acteal

 
 
 

Han pasado doce años de la matanza de Acteal, en el sudeste del estado mexicano de Chiapas. El día 22 de diciembre de 1997, cuando los miembros de la comunidad tzotzil de Las Abejas se encontraban reunidos para rezar en su humilde capilla, una construcción rústica de tablas atadas y sin pintura, noventa paramilitares del grupo Máscara Roja, expresamente transportados allí, pertrechados de armas de fuego y machetes, en un ataque que duró siete horas, dejaron en el terreno, entre hombres, niños y mujeres, algunas de ellas embarazadas, 45 muertos. La culpa de estos muertos era haber apoyado al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. A 200 metros del lugar, un control de policía no movió un pie para ver lo que estaba pasando. Demasiado lo sabían ellos. Estuvimos en Acteal, Pilar y yo, poco tiempo después, hablamos y lloramos con algunos de los sobrevivientes que consiguieron escapar, vimos las señales de las balas en las paredes de la capilla, los sitios de las sepulturas, nos asomamos a la entrada de una cavidad en la ladera donde unas cuantas mujeres intentaron esconderse con los hijos y donde fueron asesinadas todos a golpes de machete y disparos a quemarropa. Regresamos a Acteal unos meses más tarde, el horror todavía se respiraba en el aire, pero se iba a hacer justicia.
Al final, no se ha hecho. Alegando errores de procedimiento, el Supremo Tribunal de Justicia mexicano acaba de poner en libertad a los casi veinte miembros de Máscara Roja que cumplían pena (imagínense) por posesión ilegal de armas, ignorándose deliberadamente que esas armas habían disparado y asesinado. A la media docena que todavía quedan en prisión no tardarán mucho en soltarlos también. Pero a los 45 tzotiles muertos con extrema crueldad, a esos no habrá manera de hacerlos resucitar. Hace pocos días escribí aquí que el problema de la justicia no es la justicia, sino de los jueces. Acteal es una prueba más.

Josè Saramago

Andenes

Me despierto con el ruido de la ciudad, que desde temprano empieza a respirar tan hondo y sus vapores me inundan aùn antes de arriesgarme a transitar por sus miles de arterias.  Es verano, y esa costumbre mìa de dormir con la ventana abierta un dìa de estos va a tener funestas consecuencias, como la ves que se mojò el radio por una lluvia de mayo que cayò en agosto remojàndolo hasta que sus transistores, de por sì viejos, ahora sì que entregaron las resistencias y se oxidaron. Pero mientras no llueva, la ventana seguirà abierta y yo seguirè durmiendo desnuda pero con calcetas, gracias a mi abuela Marìa, de quièn no sòlo heredè la madeja de cabello negrìsimo, sino tambien los pies frìos.  Tomo café sentada en la cama mientras miro mis calcetas de rayas blancas y negras, ùnico lujo que le permito a mi maldita monocromìa que se refleja en làs sàbanas, las cortinas y hasta en el cafè que acostumbro beber, como si polarizara la vida, nada de medias tintas, o blanco o negro. Tengo una cita temprano, es sàbado pero parece viernes. El ruido de la ciudad tiene la peculiaridad de decirte què dìa es. Los domingos son muy callados, en cambio los lunes y los mièrcoles son bulliciosos. Y esta mañana tiene algo de viernes, entre tensa calma y regocijo por el fin de semana. Sobre la mesa de noche el libro en turno y el radio. Mientras me visto oigo el noticiero, hay una manifestaciòn que paraliza la mitad de la ciudad y  la mejor vìa para llegar a mi destino es Reforma. Sonrìo por la voz aguda del locutor, el radio nunca se volviò a escuchar igual desde aquel agosto. Camino por la habitaciòn hasta  el escritorio para encender la computadora. Pronto tendrè que mudar de lugar la pc, con tanta hoja y libro encima, es incòmodo escribir. Reviso el correo y respondo dos e-mails. Miro el reloj y apresuro la taza de cafè. Mientras apago todo, pienso que el correo que tengo meses escribièndole continuarà en el cajòn de los borradores otro dìa màs. Salgo a la calle y lo primero que me recibe es el frìo de la mañana. Por un momento cierro los ojos para sentirlo en plenitud en el rostro. Camino aprisa, la calle està tenuemente iluminada por los rayos del sol que empiezan a descender sobre la ciudad.  La estaciòn del metro està a cuatro cuadras del edificio donde vivo. Las calles son tranquilas a esta hora pero no están solas, la gente empieza a poner puestos de comida alrededor del metro. Busco la tarjeta entre el montòn de libros que traigo en la bolsa. Desde las escaleras elèctricas veo el vagòn en el andèn. Maldiciòn! No alcanzè a abordar, ahora tendrè que esperar el que sigue. Saco mi libro del bolso y busco el separador donde me quedè, sòlo leo dos lìneas, una señora pidiendo indicaciones me distrae.  Mientras miro la presteza con que el policia le da indicaciones, pienso en que a pesar de vivir aquí por años, aùn me pierdo entre las calles y sus nombres. Serìa inùtil para ayudar a cualquier viajero a encontrar la terminal aunque la tuviera enfrente, mis conocimientos se limitan, por ejemplo, a la calle donde queda la pequeña cafeterìa donde venden el mejor cafè que he probado, o a la tienda de libros antiguos, o al lugar màs tranquilo de la ciudad. Plaza Romita, por ella, extraño mucho mi departamento anterior, era el mejor lugar para estar siempre que algo me preocupaba, o cuando necesitaba aire fresco despuès de dìas encerrada a piedra y lodo sentada frente a la computadora, peleàndome con las fechas de cierre. Vivìa en Flora, la calle màs tranquila donde he vivido desde que regresè al df, hasta concierto de pàjaritos tenìa todas las mañanas, me encantaba vivir ahì. Todo me quedaba cerca. el mercado frente a la estaciòn del metro donde solìamos ir a comer despuès de la escuela. Recuerdo cuando consideraba las opciones para arrendar, era ése o un departamento sobre Versalles, del otro lado de la calle, con prestigio, màs caro, màs chico y sin pàjaros. No es lo mismo decir que vives en Versalles que en Flora. Me mudè al amplio departamento del tercer piso de un edificio hermoso color verde, hasta las almenas eran estilo colonial. Adorè hasta el ùltimo adoquìn de esa calle. Una de las pocas que conservan àrboles ancestrales que prodigan sombra a toda la calle con sus enormes copas. Aún ahora, cuando necesito tranqulidad, regreso a la Romita a buscar consuelo en la pequeña banca, frente a la fuente; pero a veces me siento una extraña. Una intrusa invadiendo el espacio de alguien màs. Qué despacio pasa el tiempo cuando uno tiene prisa. El vagòn del metro llega y yo abordo, por suerte viene casi vacìo, lo suficiente para ir còmodamente de pie. Me gusta ver còmo pasan las calles, los edificios, las tiendas, los parques,  a veces es màs entretenido que ir sentada viendo los rostros de las personas, a algunas el mal humor les dura hasta el mediodìa. Bajo para trasbordar. Me mezclo entre rìos de gente que amenazan con no dejarme avanzar. Corro escaleras abajo. Diablos. Las puertas del vagòn se cierran cuando estoy a punto de alcanzarlas. Miro el reloj y sòlo tengo veinte minutos para un recorrido que dura treinta y cinco. Ahora sì necesito un cigarrillo. Me coloco justo debajo del reloj, el andén está casi vacío. Trato de tranquilizarme mientras espero el pròximo. Del otro lado, el gusano anaranjado empieza a caminar hasta desaparecer por la boca negra que parece engullirlo. Enfrente esperan unas cuàntas personas, quiero volver a mirar el reloj pero resisto el impulso. El ruido que anuncia la llegada del vagòn se escucha cada vez màs cerca. Es el del sentido contrario que sòlo llega a vomitar una horda de gente y de inmediato se pone en marcha apenas con unas cuàntas personas. Olvido mis resistencias por mirar el reloj y veo que apenas han transucrrido unos minutos que a mì me parecen eternos. Tal vez si me voy en taxi alcanze a llegar a tiempo. El otro vagòn abandona la vìa. De pie bajo el reloj, vacilo un instante, estoy a punto de emprender la carrera sobre las escaleras,  cuando una figura llama mi atenciòn del otro lado. Alguien que corre y detiene su paso al ver que el vagòn se ha ido. Mis ojos lo miran fijamente, se pasean por el contorno de su figura, tan familiar para mì, el pantalòn de mezclilla, su cabello y por fin, su rostro, las lìneas de sus labios, la profundidad de sus ojos, una de sus manos sotiene una mochila sobre su hombro mientras  con la otra se acaricia la barba que parece no ha sido rasurada en dìas, como lamentando los cinco minutos que se detuvo a amarrar la agujeta de su tenis. De pronto, como si algo llamara su vista. Me ve del otro lado. Por un momento quedamos de frente. Separados ùnicamente por el silencio y el vacìo de las vìas del metro. De pronto, sonrìe y empieza a caminar hacia la salida, yo aùn no reacciono, no me muevo, aunque mi cuerpo tiembla, mis pies no son capaz de dar un paso y salir de ese lugar donde parece que estàn sembrados. Siento las mejillas hùmedas y empiezo a recordar todos los momentos, todas las preguntas que quedaron suspendidas años atràs.  Nuevamente, la vida nos pone frente a frente, en el mismo andèn de espera, como si no hubiera pasado un minuto desde la última vez que lo vi agitando su mano para despedirme. Cuando reacciono, lo tengo frente a mì. Distingo unos pequeños hilos blancos en su cabello. La profundidad de sus ojos acentuada por diminutas lìneas del tiempo. Escucho su voz, como si èsta viniera de muy lejos, no entiendo qué me dice, tal vez por la emociòn o por el ruido del vagòn del metro que se anuncia rompiendo el silencio que nos rodea. No sè què decirle y lo ùnico que se me escapa es un tìmido: ¿Còmo? El rìe, mira hacia ambos lados del ànden. Casi estamos solos. Me mira tiernamente, con su mano acaricia mi cabello y sella mis labios con un beso en el que me entrega todas sus respuestas.

Astrid Paola

Alas y Raìces

 
Cuando la miro dormir, como ahora, pienso, sueño con el camino que han de recorrer sus pasos. Hace tiempo leì un texto donde decìa que tenemos que dotar a nuestros hijos de dos cosas indispensables:
 
 Alas y Raìces.
 
Fortalecer sus alas para que puedan conseguir los sueños màs altos que su imaginaciòn les brinde, para que nada les parezca inalcanzable. Para que sus pasos sean seguros en la senda que les toque recorrer. Para que sientan que pueden acariciar la luna con las manos si se lo proponen.
 
Y raìces, para que sepan que por màs alto que vuelen, por màs lejos que lleguen sus pasos, `por màs lejos que se encuentren de su centro, siempre tendràn un lugar donde regresar. Un lugar a donde pertenecen.
 
Dentro de las tradicones màs bellas que conozco està la de enterrar el cordòn umbilical de los recièn nacidos. Algunas personas lo guardan, o lo echan al mar, a que se lo coman los peces, jà. Dicen que enterrar el ombligo es como sembrar un àrbol. Echar raìces para que la persona, tarde o temprano regrese a la tierra que lo llama. Es todo un ritual, una costumbre ancestral acunada por nuestros antepasados , una de las pocas que nos quedan.
 
El ombligo de Luna està enterrado a los pies de un tamarindo, cobijado por su sombra. Es alimento de la tierra negra que acuna sus raìces, fèrtilizandolas, renaciendo en ellas, refrescàndose en tiempo de lluvias. Soy feliz de pensar que una parte de ella, y de mì tambièn, nace nuevamente en cada retoño, en cada una de sus pequeñas hojas, que serà fuerte, como el àrbol que crece, asì como crece Luna, plena.
 
Y asì cuando sea grande, no importa por què cielo la lleven sus alas. Sepa que siempre serà parte de la tierra. 
 
Astrid Paola
 

Historias en Arena

 
 
Kseniya Simonova ganadora del Ukraine's Got Talent por animación con arena

  

Escribir por escribir

 
La premisa siempre fuè escribir.
 
De pronto, los tiempos cambian, y lo que antes eran hojas y hojas de papel de garabatos interminables, ahora son carpetas y carpetas de cuentos, de ensayos a medio escribir, en fin, un cajòn atiborrado de borradores, No hace mucho pensaba que escribir era eso, papel y làpiz conjugàndose en oraciones, con el tiempo y la experiencia aprendi que en el sentido literario el acto, o el arte de escribir lleva implìcito un arduo trabajo intelectual donde a las ideas se les da orden, lògica, sintàxis, gramàtica, semàntica, ortografìa y hasta semiótica. Pero la idea de escribir esto, no es para hablarles de mis clases de español.
 
Este año ha sido intenso, muchos cambios. Cosas que llegan y otras que se van. Las que permanecen.  Aùn cuando tengo claro que la hoja en blanco continùa ahì. Tan blanca como siempre. A ùltimas fechas, escribir, se parece màs a sentir que una pequeña tuerca me presiona la cabeza, cada vez que intento echar a andar los dedos sobre las teclas y plasmar la idea que me persigue hasta en sueños. He perdido de vista el liev motiv que me incentivaba a la hora de escribir. Aunque los ruidos internos siempre estèn ahì, el problema està en darles forma. Por eso, yo no servirìa como textoservidora*, nunca he sido buena trabajando bajo presiòn. Sì, si, ya sè que no deberìa ser asì, pero asì es.
 
No es extraño que a media charla, en el metro, en el parque, saque de mi bolso un pequeño cuaderno y garabatee unas cuantas lìneas, a veces màs que eso, que pronto serà un cuento o un nuevo borrador en el viejo cajòn; eso ha cambiado tambièn. Sin embargo, en estos ùltimos dìas, el espacio que màs ocupo para escribir, son los 140 caractéres de mi Twitter, que dicho sea de paso, es una pequeña vàlvula de escape. Ahì me siento relajada, libre, puedo plasmar una idea, a veces con sentido, a veces sin èl, pero siempre con libertad. Sè que el Twitter es lo "in" en redes sociales, el microbloggin es la novedad. Para mì, es la tabla de salvaciòn que me sostiene en èstos dias en que hasta contestar un mail es harto complicado.  Ahì puedo dejar de preocuparme o preocuparme en serio, reirme o reflexionar acerca de los comentarios, escribir mis añoranzas por alguien sin que cuestione si lo extraño de verdad o son cuentos chinos, re-encontrarme con la inspiraicòn, puedo interactuar con otras personas o ser silente, puedo quebrarme la cabeza en 140 caractères o simplemente dejarme llevar por la sensación placentera de escribir por escribir.
 
Astrid Paola

El sueño

 
Cuando mi camino por las pequeñas y sinuosas calles de los barrios históricos de Acapulco me llevó hacia el taller de literatura al que pertenezco desde hace poco más de año y medio  lo último en lo que pensé es que escribir tuviera algún tipo de satisfacción, mucho menos remuneración, como no fuera la personal.

A lo largo de este tiempo, he descubierto que escribir, tiene muchas vetas, las experiencias propias, las ajenas, las oníricas, las sociales, etc., pero al final, siempre va a ser un reflejo de nuestros ruidos internos, de esas inconformidades que surgen cuando vamos de camino al trabajo, cuando recorremos nuestra ciudad, cuando nos vemos reflejados en el otro y sabemos que algo a nuestro alrededor no está bien y que nadie levanta la voz.

 Sin embargo, también me he encontrado con que la idea que yo tenía con respecto a tópicos tales como qué es la literatura, cuál es la responsabilidad del escritor  y cuál es su papel en la cultura, estaba errada. La responsabilidad y la ética a la hora de escudriñar una realidad, de atreverse a espejarla, a veces bajo premisas personales, es una; pero la condición de escritor “De los que ven la realidad e intentan darle nombre” no puede estar divorciada de cierta objetividad, de cierta crítica, de cierta lúdica. Esta premisa es la que hace la diferencia entre un escritor y alguien que simplemente trata de describir realidades temporales.

Rilke, en sus "Cartas a un joven poeta" nos habla de ésta necesidad de escribir, del deber. De la confrontación con uno mismo y la búsqueda de las respuestas a preguntas generadas por la ansiedad que provoca crear.
 
Así, pues, escribir se ha vuelto para mí, algo más que un ejercicio catártico, algo más que una satisfacción personal. Escribir, es una necesidad que acampa en varias partes de mi cuerpo. Esas que sienten alivio después de parir -metafóricamente-, la idea que se la pasa haciendo eco en mi cabeza y que muchas veces no me deja ni dormir.

Estos temas permean en el contenido de los cuentos, Hoja en blanco y  Las cinco llaves, el segundo inspirado en la pintora Remedios Varo Uranga. En él expreso estas inquietudes por crear, esa sensación que a veces nos invade y que no sabemos qué es y hasta dónde llegará, hasta que podemos plasmarla, ya sea en un lienzo o en una hoja. También tiene que ver con el descubrimiento, con el asumirse como parte de un proceso creativo inherente a la personalidad, pero a veces oculto tras otras cosas. El cuento, en realidad, es el camino hacia el descubrimiento del personaje y lo que será su pasión por toda la vida.

En Hoja en blanco planteo la disyuntiva a la que se enfrenta el escritor a la hora de escribir, a la hora impostergable de enfrentarse a la temida hoja en blanco, a las inseguridades, a los temores y a todos los sentimientos que hacen presa al personaje cuando, en la decadencia, planea escribir su obra maestra.

Sé que este oficio que escogí no es sencillo, que me falta mucho por aprender, también sé que no podría tener mejor compañía en esta jornada que mis compañeros tallerandos, mis amigos; todos, los presentes y los que en ausencia, festejaron conmigo cuando el jurado del Concurso de Cuento Corto, “José Agustín”, decidió nombrar a éstos dos cuentos míos, ganadores del primer y tercer lugar estatal respectivamente.
Hace poco leí de Eduardo Galeano en la Ventana sobre la Utopía: “Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”

Ellos, mis cofrades escritores y yo, guiados en este camino por la mano de nuestro querido maestro, el escritor Gustavo Martínez Castellanos, Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, trabajamos hombro a hombro para lograr que en Acapulco no solamente se haga cultura, sino que ésta pueda estar al alcance de todos, de otros, que como yo, tienen el sueño, no de ganar algún día algún concurso de cuentos, eso es subjuntivo, es relativo, sino el sueño de poder acariciar en un texto o en un libro la capacidad propia para la creación.
 
El sueño, así, es el llamado a la conciencia, es la permanencia. Es la trascendencia de las letras y por las letras. Eso que vuelto palabras nos envuelve para redimirnos en el otro yo que también quiere, exige, salir del sueño y volverse realidad.
 
Astrid Paola

Un columpio para Luna

 

          De mi niñez recuerdo pocas cosas, y si hago un recuento serían menos las que recordara fielmente; sin embargo, hay recuerdos que son indelebles al tiempo; como las noches en víspera de Navidad cuando apagaba todas las luces de la casa y me quedaba sentada por horas iluminada sólo por los reflejos multicolor del árbol que adornaba la sala, contando los parpadeos hasta quedarme dormida y soñar con los juguetes del día siguiente.  

Recuerdo en especial las tardes que pasaba con mis primos jugando en el naranjo del patio trasero de la casa de mis abuelos, había resistido a las plagas, al paso del tiempo, a los murciélagos que lo rondan por las noches y a los niños que lo acosan por el día; cuando lo hacíamos partícipe de nuestras batallas, o simplemente nos trepábamos en sus ramas en busca de los frutos más jugosos.

           Y ahí, en aquél cómplice de nuestra infancia, colgaba un columpio pequeño de madera que hizo mi tío, único hermano de mi madre que desde joven aprendió el oficio de carpintero.

Lo recuerdo con especial cariño por ser mi juguete favorito desde que empecé a tener conciencia y sentido de posesión, también recuerdo la sorpresa el día que noté su ausencia y al preguntarle a mi madre me dijo:

-Pues tú ya no lo usabas, así que se lo regalé a tu tía Irma desde la semana pasada, ¿que no te habías dado cuenta?

          -No- le dije con tristeza. Hasta ese momento no había notado que ya no colgaba más, y sentí como si un pedazo de mi niñez se fuera flotando como globo hasta perderse en el cielo raso. Era cierto que hacía tiempo no me mecía en él, y que cada día que pasaba me costaba más trabajo acomodar mi pequeña humanidad en sus cada vez más gastadas tablas.

Pero aún así, era mí columpio.

-¿Así es crecer?- pensé ¿Dejar  de notar los juguetes hasta que un día nos vemos sorprendidos por su ausencia?

Me sentí triste, como si además del columpio se hubieran llevado mi infancia, y aunque ya no era precisamente una niña, decidí, con la inocencia de mis nueve años, dejar de crecer.

Pero seguí creciendo, me convertí en una joven de aspecto desgarbado, apenas interesada en otra cosa que no fuera libros.

Mi madre solía decirme que con ese aspecto de muchacho y con las costumbres de un ratón de biblioteca era poco probable que consiguiera pretendientes, menos novio, pero eso nunca llegó a preocuparme.

          Años después, un día que iba de visita a la casa de mi madre, de la cual hacía tiempo atrás me había mudado a un lugar más pequeño pero independiente; vi un montón de cachivaches apilados en la banqueta esperando que pasara el camión de la basura, y cuál sería mi sorpresa al ver entre triques y cacharros oxidados el columpio de mi niñez.

Al parecer había sido heredado nuevamente a otros primos más pequeños algunos años atrás y luego desechado, como si toda la historia grabada en sus grietas no existiera.

         De pronto se agolparon en mi memoria recuerdos olvidados, esas tardes en la casa de mis abuelos, esas noches al pie del árbol de navidad, esos días que había dejado atrás en que decididamente había jurado no crecer más.

         Tomé el trebejo y caminé media cuadra más. Una de las tablas que servían de asiento colgaba de un lado y estaba pintado de un horrible color plateado que no se parecía para nada al rosa pastel que tenía originalmente.

-¿Y esa cosa? Fue la pregunta de mi madre al verme llegar, y luego, creo que asaltada por la nostalgia, empezó a contarme que antes de que yo naciera, su hermano había empezado a tallar el columpio. “Mucho antes” repitió.

         -¿Y de qué color lo vas a pintar?- Me preguntó nerviosa, tal vez exaltada.

- De rosa- respondí.

Me miró a los ojos, como si mirara a un astro que hubiera bajado hasta la atura de sus ojos. Sonrió con dulzura.

-Yo diría que de blanco, aún es muy pronto para saber

-Yo ya lo sé- le dije con una sonrisa cómplice de mis pensamientos.

          Cuando recuperé el columpio, pensé que me aferraba a algo más tangible que un recuerdo de aquellos días. No lo vi de otra manera hasta saber de tu llegada. Entonces supe que no había sido la casualidad, sino el destino, el que me había llevado ese día, por esa calle. Así, tú, mi pequeña Luna, tendrás un columpio donde mecer tus risas de niña, cómo lo hice yo en las tardes más felices de mi infancia.

 

 

Astrid Paola

La sangre en Chiapas

         Toda sangre tiene su historia. Corre sin descanso en el interior laberíntico del cuerpo y no pierde el rumbo ni el sentido, enrojece de súbito el rostro y lo empalidece huyendo de él, irrumpe bruscamente de un rasguño de la piel, se convierte en capa protectora de una herida, encharca campos de batalla y lugares de tortura, se transforma en río sobre el asfalto de una carretera.   

         La sangre nos guía, la sangre nos levanta, con la sangre dormimos y con la sangre despertamos, con la sangre nos perdemos y salvamos, con la sangre vivemos, con la sangre morimos. Se convierte en leche y alimenta a los niños en brazos de las madres, se convierte en lágrima y llora sobre los asesinados, se convierte en revuelta y levanta un puño cerrado y un arma.

        La sangre se sirve de los ojos para ver, entender y juzgar, se sirve de las manos para el trabajo y para la caricia, se sirve de los pies para ir hasta donde el deber la manda. La sangre es hombre y es mujer, se cubre de luto o de fiesta, pone una flor en la cintura, y cuando toma nombres que no son los suyos es porque esos nombres pertenecen a todos los que son de la misma sangre.

        La sangre sabe mucho, la sangre sabe la sangre que tiene. A veces la sangre monta a caballo y fuma en pipa, a veces mira con ojos secos porque el dolor los ha secado, a veces sonríe con una boca de lejos y una sonrisa de cerca, a veces esconde la cara pero deja que el alma se muestre, a veces implora la misericordia de un muro mudo y ciego, a veces es un niño sangrando que va llevado en brazos, a veces diseña figuras vigilantes en las paredes de las casas, a veces es la mirada fija de esas figuras, a veces la atan, a veces se desata, a veces se hace gigante para subir las murallas, a veces hierve, a veces se calma, a veces es como un incendio que todo lo abrasa, a veces es una luz casi suave, un suspiro, un sueño, un descansar la cabeza en el hombro de la sangre que está al lado. Hay sangres que hasta cuando están frías queman.

Esas sangres son eternas como la esperanza.

 

Josè Saramago

Continuidad de los parques

           Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
    Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

 

Julio Cortázar

Quièn soy?

  
Este blog ha devendio en distintos estilos, desde lo depresivo -no deprimente- hasta lo meramente literario. Por cuestiones personales, varias han sido las veces que ha cerrado, otras, ha entrado en largos periodos de inactividad. A raìz de mi reciente descubrimiento en Twitter, he re-descubierto lo interesante, profunda e inexplorable que puede ser la web. Y, oh sorpresa, lo delicioso que es disponer de un espacio personal, para uno, para los demàs, pero sobre todo para uno.
 
No quiero desvariar -mucho- Les contaba de este reciente re-descubrimiento del verbo bloggear. Y què es un blog? Una especie de bitàcora, de diario personal, un lugar propio donde se puede hacer magia con las palabras. A diferencia de los que tenemos guardados bajo la cama, éste se comparte con personas que no imaginamos. Citando a mi querida Carmen Marìa "Internet se ha convertido en nuestros tiempos, en un lugar indeterminado -literalmente hablando- una especie de tierra de proscritos, donde la informalidad y la comunicabilidad van de la mano" En pocas palabras, es una ventana, en cualquier parte del paìs, incluso del mundo, alguien puede leer tus pensamientos, tus sentimientos, tus opiniones. Y sì, tambièn tendràn acceso a partes que son sòlo nuestras pero que tambièn tenemos la necesidad de compartir. 
 
Antes, era sòlo Índigo, dark, medio desteñida, venida a menos, sin nombre y apellido. Hoy, quiero que eso cambie. Pues mi inquietud por la literatura viene de muchos años atrás, pero es hasta ahora que este camino empieza a tomar forma. Y claro me falta mucho, pero ya he empezado a caminar. Algo que me ha costado mucho trabajo, desde el principio, es asumirme -ahora sí que yo misma- como escritora. Antes bromeaba con el tema, y sin querer, menospreciaba mi trabajo. Ahora, me he dado cuenta que mi necesidad de escribir, de compartir, de expresar, de emitir opiniones se tiene que sustentar en un nombre. Es bastante sencillo tirar la piedra y esconder la mano.
 
Y yo,con mucho gusto, me presento:
 
Soy Astrid Paola, soy escritora y éste, es mi blog
Gracias por acompañarme en la jornada, siempre será un placer compartir con ustedes.
 

PREPARACIÓN LITERARIA

 

Taller de Narrativa, Impartido por el escritor Gustavo Martínez Castellanos 

Taller de Narrativa, Cuento I, Impartido por el escritor Gustavo Martínez Castellanos 

Taller de Narrativa II, Impartido por el escritor Gustavo Martínez Castellanos 

Taller de Ensayo, Impartido por el escritor Gustavo Martínez Castellanos 

Curso de Lectura de comprensión de clásicos literarios Impartido por el escritor Gustavo Martínez Castellanos 

Taller de Cuento, impartido por el escritor Atahualpa Espinoza Magaña 

Taller de Ensayo, impartido por la doctora Liliana Pedraza 

Taller de Poesía, impartido por el poeta Mijaíl Lamas 

Taller de Novela, impartido por el escritor Juan Larrosa 

Taller de Dramaturgia, impartido por el Dramaturgo Richard Viqueira

 

PRESENTACIONES DE LIBROS REALIZADAS

 Presentación del libro de cuentos Lo que hay detrás, de la escritora Elizabeth Berea Contreras, en la biblioteca Pública Dr. Alfonso G. Alarcón, Septiembre del 2008

 Presentación del libro de cuentos El Jardín, de la escritora Acapulqueña Isabel Reyes Ramos, en la Biblioteca Pública Dr. Alfonso G. Alarcón, Octubre del 2008 

Presentación del libro de cuentos Los Ángeles del Pantano, de la escritora Eloísa Valdez, en la Biblioteca Pública Dr. Alfonso G. Alarcón, Noviembre del 2008 

Presentación del libro La crìtica de la Cerradura, del escritor Ari Jonathan García Gonzáles, en la biblioteca pública Dr Alfonso G. Alarcón, 2009 

Presentación del libro El cuadro Inútil, de la escritora Esther Ángela Chavez Varela, en la biblioteca pública Dr. Alfonso G. Alarcón. 2009

 

OTRAS ACTIVIDADES 

Autora del libro de cuentos Viendo pasar el viento.

 Publicación del cuento María, en la gaceta cultural CulturAcapulco

 Pblicación de cuentos en la revista Fandango, voces de los pueblos costeños

 Lectura de dos cuentos, durante la Semana Internacional del Libro 

Lectura de dos cuentos durante la celebración del Día Nacional del libro, el 12 de Noviembre de 2008

 Primer lugar Estatal del Concurso de Cuento Corto José Agustín, Decimotercera edición

 Tercer lugar Estatal en el Concurso de Cuento Corto José Agustín, decimotercera edición.

  

El Analfabeta Polìtico

 El peor analfabeta es el analfabeta político
Èl no oye, no habla,
ni participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio de los frijoles, del pescado,
de la harina,
del alquiler, del calzado
y de las medicinas,
dependen de decisiones políticas.

El analfabeta político es tan burro
que se enorgullece e hincha el pecho
al decir que odia la política.
No sabe el imbècil que
de su ignorancia política proviene
la prostituta, el menor abandonado,
el asaltante y el peor de todos los bandidos
que es el político aprovechado,
embaucador ycorrompido,
lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Bertolt Brecht


Este texto es ad hoc al tema que recientemente ocupa cada dìa mayor espacio en los noticieros locales, pero que tiene meses desarrollàndose en la red. Mi opiniòn, muy personal, es que es cierto que hay personas que piensan que la credencial de elector es una identificaciòn màs. Y se olvidan que es un derecho ciudadano, de los pocos que nos quedan. El voto es un bien, por eso, tanto polìtico intenta comprarlo, a veces aprovechàndose de la miseria que la misma polìtica provoca, ofreciendo làminas de cartòn o despensas a cambio. Otras veces, se vale de la mercadotecnia, y trata de convencernos, de comprar un producto, de comprarles la idea de que ellos son la esperanza que Mèxico espera. Tambièn se olvidan que el servido pùblico, es eso, un servidor, y està para servir y no para servirse del pueblo.

No sè si el voto en blanco, o voto nulo sea la soluciòn del problema. No es que se quiera no votar, es que realmente NO hay por quièn votar. No hay partido o candidato que ofrezca propuestas viables para resolver problemas que se vienen arrastrando sexenios atràs. Y que, en vez de resolver, crecen, como bola de nieve y amenazan con aplastarnos a todos. 

Espero que en estas palabras, encuentren por lo menos una reflexiòn que los lleve a tomar la mejor de las desiciones, para ustedes y para todos, este 5 de Julio.

Astrid Paola

Papel Mojado

 
                                Con ríos
                                   con sangre
                                         con lluvia
                                                 o rocío
                                                 con semen
                                                         con vino
                                                            con nieve
                                                                 con llanto
                                                                      los poemas
                                                                                 suelen
                                                                                         ser
                                                                                   papel mojado

 

Mario Benedetti

Botella al mar

 

El mar un azar
Vicente Huidobro

Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

Benedetti

Tregua

 
No hicieron falta palabras para desnudar al silencio en aquella habitaciòn 
que por apenas unas horas, se convirtiò en refugio,
tregua para la nostalgia, el tiempo y la distancia
donde la madrugada fue cómplice del encuentro de los labios que se han buscado a ciegas
donde la palabra tomó forma de mirada, de beso postergado.
 
Y tras desvestir al mutismo de velados reproches
la piel se vistiò de ternuras, se nutriò de caricias pospuestas..
Se volviò deseo, humedad, temblor, levedad, susurro, espasmo, mordida, risa, làgrima
sin miramientos, sin contemplaciones, sin vacìos, sin tregua.
 
Entonces.. 
-como era en un principio-
 
La caracola volviò a ser simbiosis
La noche, apologìa
La madrugada remanso
La luna còmplice
La espera, nada

Starbucks Café

Quiero agradecier a mi entrañable Ro, el post que me dedica en su blog para invitarlos a las actividades que se realizan por parte de la Promotorìa Cultura Aída Espino en los espacios que la cafeterìa Starbucks nos ofrece para la promoción y difusión de las obras realizadas por los alumnos que formamos parte de esta Promotoría.
 
La invitación por supuesto, es extensiva de mi parte a que el dìa de mañana me acompañen a la presentación que realizará el escritor Carlos Alberto Ricardez de este, mi primer libro de cuentos. De antemanos muchas gracias por su compañía, pero sobre todo, por el apoyo que me brindan amistades que no se dejan amilanar por la distancia y, desde lejos me acompañan en ésta incesante bùsqueda que representa para mì la literatura.
 
Reitero, estàn cordialmente invitados el día de mañana y por supuesto la invitación para que visiten el blog de la querida Ro.
 
Astrid Paola
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La calidad se impone. Los escritores formados en la Promotoría Cultura Aída Espino son invitados en exclusiva, por la cadena internacional Starbucks para presentar sus obras.

La labor del Maestro Gustavo Martínez Castellanos y nuestra querida Aída está en boca de todos, y no es para menos, los hechos hablan por si mismos. Estos eventos son la continuación de una larga trayectoria de promoción, difusión y apoyo culturizando a la población y proyectando a nuestro bello puerto.

Este  viernes 3 de Abril será presentado el libro de  Astrid Paola Viendo pasar el viento, en Galerías Diana a las 19 horas y 21:30 en Starbucks Condesa

¡Están todos cordialmente invitados!

Continua Informándote de estos eventos:


  

Los Nadie


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir
de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a
cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los
nadie la llamen,
aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie
derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano

Mis libros y yo

      

 Tengo el bolso repleto de libros que no he leìdo, de libros que voy leyendo intercalados, mala costumbre, ajà, pero asì leo a veces, ahora traigo la Semana de colores, de Elena Garro, La muerte de Artemio Cruz y Quièn de Nosotros, primera novela de Benedetti, ja, vaya  ensalada literaria. Cuando no, me prendo de un libro y lo suelto hasta terminarlo completito, me ha pasado en pocas ocasiones, no sè si depende del libro, del autor, o de mi estado de ànimo. Me pasò con la Mujer habitada, de G. Belli, con El luto humano, de Revueltas, a ùltimas fechas el autor de mi predilecciòn, aunque creo que no es regla general, porque el Apando lo empezè como tres veces antes de leerlo en una noche. Creo que por eso a veces se quejan de que leo muy ràpido, Ja.  Y yo que siento que la vida no me va a alcanzar para leer todos los libros que tengo planeados, màs los que se vayan acumulando.

     Lo que sì es que ya no caben en mi bolso, ni en el librero, y pronto ni en mi habitaciòn, los veo desperdigados por todos lados. A veces conservando el polvo, otras màs sirven para los malèvolos fines de Lunita que se encarga de autografiarlos, ja. Tengo libros nuevos, que voy comprando conforme se me atraviesan, El diosero de Rojas Gonzàles y Balún Canàn, de Rosario Castellanos. Por supuesto libros entrañables que me han regalado, como Los recuerdos del Porvenir, de Elena Garro. ¡Tengo libros que ni siquiera he tenido tiempo de abrir!  como El nombre de la Rosa, de Umberto Eco. Tambièn tengo libros que se desbaratan nomàs con verlos, de lo amarillas y gastadas que estàn sus hojas, como la Eneida, o Chac Mol de Fuentes. Desgraciadamente en mi ciudad sòlo existen tres librerias que se pueden nombrar asì. La Porrùa, Librerìas Cristal y... Rayos, creo que sòlo son dos. Por supuesto los Sanborns, donde a veces los libros estàn màs baratos, contrario a lo que se pensarìa. Ah, y un pequeño puestecito de libros "con historia" (ese tèrmino de usados, me da cosa)  Cuando tengo taller me voy caminando y paso un rato a pasearme, vàlgame la rebuznancia, entre el olor acendrado en estos libros.

     Antes, en el zòcalo, cada ùltimo sàbado del mes, se ponìan unos chavos con una mesita, donde intercambiabas libros, llevabas uno y lo cambiabas por algùn otro que estuviera ahì. Asì conseguì varios libros, claro, lo difìcil era decidir cual 'soltar'. Creo que era una especie de tradiciòn que ojalà se siguiera acostumbrando, pero un buen dìa, los chavos y la mesita no regresaron màs. Me encantan este tipo de libros, con historia. Me da por hojearlos, ver los nombres escritos ahì, las dedicatorias o acotaciones que encuentro, a veces me da por formularme historias detràs de estos libros, de las manos por las que han pasado para luego ir a dar ahì, donde seguiràn compartiendo su doble historia la que traen escrita entre las hojas y la que traen grabada en la piel.

     Alguien me dijo un dia que un libro sin anotaciones no es libro; que parte de leer el libro es subrayarlo, hacerlo propio, incluso hasta tatuarlo con el aro incandescente de un cigarrillo. Como un ex libris personal.

     Ese mismo 'alguien' me dijo alguna vez que los libros son libres, que deben ser asì, compartirse para que su conocimiento ysu valor no se estanque y quede empolvàndose en alguna repisa o para que una tierna niña garabatee sus primeras letras en ellos.  Yo, me confieso.. no regalo un libro ni en defensa propia. Menos los presto. A veces los presto sin nisiquiera haberlos leìdo, como El caballero de la armadura Inexistente, de Italo Calvino; bueno, en realidad sì regalo libros y tambièn los presto, mi Insoportable levedad del ser anda en Jalisco, y Cien años de soledad aùn no regresa de Chiapas. Creo que no hay mejor regalo que pueda hacerle a alguien que un libro. y los que me conocen saben tambièn que no hay otra cosa que yo quisiera que me regalaran, ah, eso y un ajedrez. El ùltimo libro que regalè, literalmente, fue El viaje del elefante, de Josè Saramago, de quièn ahora estoy leyendo Todos los nombres, y sì, es el ùltimo que regalo.. Proque los libros, aparte de tener historia, tambièn tienen implicaciones personales.. si lo sabrè yo, y creo que tambièn lo sabìa Saramago.

     No podrìa definir lo que es mi libro favorito, todos los que voy leyendo tienen y dejan algo especial, por supuesto tengo 'consentidos' tanto por el contenido, como Ensayo sobre la ceguera,  de Saramago, o por las impliacaciones personales, como La piel del Cielo, de Poniatovska, Matar a un ruiseñor, de Harper Lee o Vivir para contarla, del Gabo.

     A propòsito de implicaciones.. A veces quisiera ser una tortuga.. recorren grandes distancias a lo largo de su vida, sobre todo si van dentro de cajas de cartòn, junto a una vela o un reloj.. bajo un libro o dentro de un cuento. Sì, quisiera ser una tortuga, asì tendrìa al menos ciento cincuenta años para leer todos los libros que me faltan por leer..

Ìndigo

Nostalgia

 
No hay primavera,
ni mayo,
ni lluvia,
ni amanecer,
ni hora 
que no evoque con melancolía teñida de añil.
 
No hay hora en el reloj
ni infinito en el tiempo
que me alcanze para medir en segundos
la distancia a recorrer de mi boca a tus besos.
 
No hay noche,
ni tarde,
ni luna,
ni playa
que no quisiera trazar
en la prosa de algùn verso,
que no quisiera  dibujar
vertiginosa, en el òleo de los recuerdos.
 
Viejos aromas que vuelven de repente
 acompañados de suspiros..
el cafè de la mañana,
manzana y canela en tu cabello,
besos avainillados para acompañar el desayuno
que antecede a tu partida
hacia el volverè algùn dìa..
 

 Îหdเgø 

 

SINE QUA NON

 
La prolongaciòn de los sueños..
La extensiòn de los brazos
La pròrroga de la muerte
Egoìsmo postergado..
La demora del olvido
Nocturno Desvelo
Efluvio de la palabra
La secuencia de uno mismo..
 
La continuaciòn de los pasos andados sobre el camino
 
Eso
Todo y màs
Es un hijo
 

† Îหdเgø †

 

Quiero escribir un niño..

 

Quiero escribir un niño
con grandes ojos como semillas,
pelo color maíz,
dulce sonrisa de níspero.

Quiero escribir un niño,
hacerlo con palabras
en el idioma de su placenta hecha de mar,
de viento,
de sacuanjoches olorosos.

Quiero escribir un verde niño poeta,
un moreno cantor que inunde el mundo con sonrisas,
niño mesías del mensaje vital de la naturaleza
que sea Mayo eterno, floreciente
en una tierra nueva
de juguete..

 

Gioconda Belli

Semiòtica

 
Cuàntos significados tiene una misma palabra?
Cuàntas lecturas hay que hacer?
Cuàntas interpretaciones tiene un signo?
Cuàntas interepretaciones en cada lectura..
 
Còdigos, lenguas,mensajes, sìmbolos
leer entre`lìneas
mensajes subliminales
còdigos compartidos
dobles intenciones
imàgenes visuales
poètica del espacio
 
La semiòtica es el arte de la mentira
 

El Teletòn eres tù?¿

 
Cada año, hay una uniòn masiva de medios por una sola causa, El teletòn. Nadie puede negar la imperiosa necesidad que existe en el país en torno a fomentar la calidad de vida de los niños que sufren alguna discapacidad, tampoco, nadie niega las "buenas intenciones" de los medios y las empresas que se unen para ayudar a estos niños. Eso no es lo cuestionable, o al menos lo que yo cuestiono. Mi argumento es en el sentido de la informaciòn. Josè Martí dijo: "Ser cultos para ser libres" Esa frase puede tener mil interpretaciones, pero yo me avoco a lo primario : saber para entender.
 
La informaciòn nos da poder de desición.
 
Me asombra la cantidad enorme de dinero que cada año, logra reunir el Teletòn, sobre todo de las empresas privadas, aunque dicen los enterados que la mayoria es dinero que dona "el pueblo de Mèxico" perdòn por el entrecomillado. Pues bien, èsta informaciòn dejò de sorprenderme cuando supe del deducible de impuestos que reciben las empresas por los donativos a causas altruistas como esta. Por eso, no es de extrañar que la mayoria desembolsen grandes cantidades, que al final será descontada de lo que ellos tienen que pagar como empresas a Hacienda.

 Mi intenciòn no es polemizar sobre los beneficios que reciben miles de niños en los CRITS alrededor de toda la república. Si algo cuestionaria, es el "momento televisivo", donde estos niños y sus familiares son expuestos, cómo su dolor es exhibido durante el dìa y la noche que duran las transmisiones. Esto tiene un sentido, por supuesto, provocar conmociòn en el espectador, es decir, conmoverlo y moverlo a donar diez, veinte, cincuenta o hasta cien pesos que a èl nadie le va a descontar de ningùn lado màs que de su bolsillo.
 
En cambio, a la casa televisora, por no decir Televisa, hasta recibe un reembolso, pues el cheque con el que pagan sus impuestos no sale a nombre de Juan Pèrez o Marìa Lòpez, los que los mismos medios dicen, son la columna vertebral, los que "hacen" el teletòn. No cuestiono la calidad moral de este evento, o tal vez sì, pero soy màs especìfica; Si Juan Pérez o Marìa Lòpez supieran cual es el verdadero trasfondo ¿seguiràn sacrificando su presupuesto familiar para acallar su conciencia? ¿Una de cal en diciembre por todas las de arena durante el año?

Aunque, yo pregunto: Cuánto vale caminar por la calle ciegos del mundo.

Porquè si la intenciòn es ayudar, las empresas no simplemente hacen el donativo de su propio dinero y dejan de aplicar el viejo adagio de "saludar con sombrero ajeno". Porqué si nuestra intención es ayudar, no empezamos desde nosotros y con los de nuestro alrededor. El buen Juez.

Me viene a la memoria otra cita quizà màs acertada: Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. Aunque creo que en realidad esa es una canciòn de Enrique Bunbury.

Si para pendejo no se estudia..

 Chispas.. hace dìas leì una noticia, acerca de que abuchearon a la Secretaria de Educaciòn Pùblica, Josefina Vazquez Mota, bueno, eso en realidad no es noticia, es el pan nuestro de todos los dìas. La noticia a resaltar y que circulò por los principales medios, es el grito de "burra" que se escuchò ni màs ni menos que en la inauguraciòn del evento màs importante en cuanto a literatura se refiere en nuestro país, la FIL, Feria Internacional del Libro, realizada en Guadalajara, donde la pobre Chepina, que fue en representaciòn del Presidente Calderòn que yo creo que despuès de esto no la vuelve a mandar ni a las tortillas, proque capaz que se queda con el cambio.. Chepina Vazquez Mota no sòlo le cambiò el nombre al libro de Carlos Fuentes La regiòn màs transparente por La Ciudad màs Transparente, craso error, si no que tambièn confundiò al autor con Octavio Paz, que ahora si que ni en Paz descansa..
 
Esto me recuerda otro incidente, en la era Foxista, donde la directora de CONACULTA Sari Bermùdez, quien en un homenaje al buen Tito Monterroso y a pregunta expresa de un reportero que la cuestionó acerca de què le parecía el cuento El Dinosaurio, de este autor, la pobre Sari bermùdez, en vez de aceptar humildemente su ignorancia, dijo que no podìa decir qué le parecía porque aún no terminaba de leerlo.. Já.
  
A continuaciòn, el cuento El dinosaurio, de Augusto Monterroso, espero ustedes sì lo lean completo..
 
" Cuando despertò, el dinosaurio todavìa estaba allí"
 
No, no es broma.. ese es todo el texto, El dinosaurio es el cuento más breve de la literatura latinoamericana y còmo no.. una palabra menos y parecería una burla. No sòlo fue Monterroso el padre del microrrelato, así tuvieron a bien llamarle al gènero, sino que fue un gran maestro de palìndromos, pro esa ya es la historia de otro post.
 
Eso y que las representantes de la Cultura en Mèxico den pena ajena. 

Mi arrogante versiòn de la pulsera

 
Con mis manos de artesano
te he confeccionado este abalorio literario,
 cuyas cuentecillas son letras
que evocan el plácido aroma del café.